Las maromas del ex-comisionado de Paz Luís Carlos Restrepo, al considerarse perseguido político, es el reflejo de la pugnacidad entre la fracción oligárquica de la clase emergente, que gobernó a Colombia durante 8 años bajo la mano de hierro del presidente Uribe, con los votos conseguidos a punta de plomo y motosierras, y la fracción oligárquica tradicionalista que ahora representa el presidente Santos.
Pero Tanto Restrepo, como María del pilar Hurtado, no son mas que los capos de nivel medio de la oligarquía mafiosa, porque su cerebro ayer como hoy sigue siendo el ex-presidente Uribe, que sigue sacando la cabeza, para atravesársele a la justicia con la que libró enconadas batallas en sus dos mandatos presidenciales, cuando sus funcionarios no fueron dóciles a su ilegalidad.
Ahora el Presidente Santos, tiene que enfrentarse con su antiguo jefe, que no se resigna a que la justicia lo vaya a rondar, razón por la cual enfiló su caballería con una estrategia de oposición beligerante.
En los marcos de un régimen leguleyo como el colombiano, las mafias y los corruptos legalizan constantemente sus fortunas, dejan en la impunidad sus crímenes y burlan de manera flagrante una justicia que no escapa a este estado de descomposición en las esferas del Estado.
El ex-presidente Uribe y el presidente Santos como hábiles políticos de carrera, manejan muy bien estas técnicas para su beneficio personal y para el desarrollo de sus caudas políticas, de modo que el país asiste a una confrontación de dos gallos de pelea que se dan espuela en público a la vez que comen del mismo plato.

Pero aun así, el Ex-presidente Uribe, no se confía, la gravedad de varias de sus conductas ilegales y mafiosas como miembro de la Aericivil, gobernador de Antioquia y presidente de Colombia, en medio de escándalos públicos, volaron mucho más allá de las fronteras y se fueron para el Norte, desde donde pueden venir presiones para que se aclaren crímenes execrables cometidos en sus dos periodos de gobierno, contra sindicalistas y defensores de Derechos Humanos entre otros, que reposan como abultados prontuarios delictivos, donde el ex-mandatario es autor intelectual.
Los temores de Uribe no son infundados, él sabe que el Estado gringo “no tiene amigos sino intereses” y que como en los casos de Zomoza, Fugimori y Pinochet, la liebre puede saltar de un momento a otro.
Por ello su estrategia política de opositor, le dan espacio para recurrir, si lo viera necesario, al asilo político y fungir como victima, tal como lo ha orientado en los casos de personajes oscuros como M. del Pilar Hurtado y el ex-comisionado Restrepo.
Y mientras estas estériles luchas intestinas, se visibilizan en las altas esferas oligárquicas de Colombia, el gobierno les saca partido como manera de invisibilizar verdaderas problemáticas en que se debaten los trabajadores de la industria a quienes la modernización laborar neoliberal, les arrebató sus derechos y los arrastró a las filas de los tercerizados.
Se invisiviliza el estado de guerra a que se somete a los pequeños y medianos mineros pretextando su actividad ilegal, cuando el fondo de la persecución oficial, tiene como finalidad la entrega de los recursos nacionales a las transnacionales saqueadoras.
Como estos ejemplos, muchos otros que son el pan de cada día, de la lucha y la protesta social, reprimida y criminalizada, mientras los de arriba evaden la justicia, recurriendo a la politiquería y la tramoya.
Es necesario reiterar, que en Colombia, solo habrá justicia verdadera y superación de la impunidad, cuando las inmensas mayorías del pueblo y la nación, se gobiernen así mismas y se supere esta larga noche, en que una minoría acaudalada, impone sus designios por la vía de la explotación y sumisión económica y política, la manipulación mediática, y el terrorismo de Estado.
Mientras llega ese momento, solo queda el camino de la lucha popular y revolucionaria, que haga valer los intereses del pueblo y la nación, para alcanzar la justicia y equidad social, la democracia y la paz para Colombia.
EL ÚLTIMO ESCANDALO SOBRE EL PALACIO DE JUSTICIA
Editorial Revista Insurrección 308
13 Febrero 2012
Con el último escándalo que se creó, a raíz de un fallo del Tribunal Superior de Bogotá, a partir de la llamada “retoma del palacio” muchos investigadores y seguidores de la realidad política de Colombia, acopian elementos sobre las causas de la impunidad sobre los crímenes de Estado.
Mientras en Colombia existan seres intocables para la justicia, se cumplirá el sabio adagio popular que dice “la ley es para los de ruana”
Para el presidente Santos el ex-presidente Belisario Betancourt “va a cumplir 90 años de servirle al país, 90 años de defender la cultura, 90 años de promover las letras, 90 años de una vida de servicio público”… el problema es que esa no es la lectura que tienen muchos colombinos y sobre su nombre saltan los gravísimos acontecimientos del Palacio de Justicia, uno de los acontecimientos donde campea la impunidad durante casi 30 años y precisamente el reto de la justicia es serrar esa pagina oscura, criminal y vergonzosa de la historia del Estado colombiano y su ejército.
Es por ello que la desautorización publica del presidente Santos, descalificando el fallo del tribunal Superior de Bogotá, no puede considerarse menos que desastrosa, para la perspectiva de la justicia colombiana, porque de nuevo aparece la “mano peluda” del poder ejecutivo, aplastando los demás poderes.
Y al ejército que el presidente le pide perdón por no admirarlo más y que considera que la justicia lo está poniendo en la picota pública, es el que cumpliendo órdenes presidenciales, incendió el Palacio de Justicia incinerando entre otros a los magistrados de entonces y cuyo jefe el Coronel Plazas Vega, es uno de los que debe dar cuenta de los desaparecidos de esa ignominia.
A ese ejercito que el presidente le pide perdón es el mismo que por ordenes superiores, formó y entrenó los paramilitares colombianos e hizo causa común con ellos en las miles de masacres que hoy siguen en la impunidad.
Con toda la certeza, presidente Santos, los millones de colombianos y colombianas humildes, a quienes ese ejercito les asesinó, torturó, desapareció y desplazó a millones de familiares o amigos inocentes, nunca le van a pedir perdón y menos aun, cuando es evidente que esas practicas se siguen presentando a lo largo y ancho del territorio nacional.
En cambio, se sumarán en coro al presidente, los demás dueños del poder, porque ese ejército los defiende como perros de presa. No hay duda, que el presidente Santos les devuelve en esa defensa a ultranza e impune, todos los favores y las lealtades recibidas
Sea oportuno resaltar que en esas expresiones públicas del primer mandatario, no solamente queda claro a que costo de impunidad se toma partido y se pisotean las posibilidades de justicia, ante crímenes de Estado y crímenes de lesa humanidad, sino que se proyecta una línea guerrerita, que descansa sobre los fusiles en clara contradicción con los discursos demagógicos alusivos a la democracia y se aleja la posibilidad de Verdad Justicia y Reparación para las víctimas.
Solo la lucha del pueblo y la nación, con el más amplio sentido de unidad, solidaridad y entendimiento, podrá colocar en la perspectiva, un futuro de justicia, paz y democracia verdaderas, como lo necesita con urgencia Colombia.
Editorial Revista Insurrección 308
20 Febrero 2012
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