En el marco del 50 Aniversario del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, Alarcón expresó que contra Cuba y su Revolución, el imperio ha utilizado todos los recursos incluyendo la mentira y el ocultamiento de la verdad.

Medio siglo de solidaridad
Palabras en el Acto por el 50 Aniversario del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, La Habana, Diciembre 28, 2010
Compañeras y compañeros:
Cuando el 30 de diciembre de 1960 el Gobierno Revolucionario creó el
Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, sobre Cuba se ceñía la
amenaza inminente de la agresión militar. Entonces millones de cubanas y
cubanos estaban vigilantes, preparándose para el ataque que podía
ocurrir en cualquier momento.
Culminaban dos años de creación infatigable, habíamos sido capaces de
desmantelar las estructuras podridas del viejo régimen, librábamos una
pelea ardorosa contra la explotación, la ignorancia y los vicios del
pasado, habíamos eliminado completamente el desempleo, eran nuestras las
fábricas y los servicios públicos, avanzaba la Reforma Agraria y la
Campaña de Alfabetización, vivíamos con la alegría de la libertad
conquistada tras grandes sacrificios y nos empeñábamos por hacer reinar
la justicia en nuestra tierra finalmente emancipada.
Eran días luminosos pero también llenos de peligros. Desde el Primero de
enero de 1959, el Imperio que siempre trata a Cuba como si la Isla
fuera suya, desató contra nuestro pueblo la guerra económica, presionó a
otros países para tratar de aislarnos totalmente, dio cobijo a los
torturadores y asesinos batistianos y a sus secuaces y los organizó,
armó, entrenó y dirigió para invadir el país y obligarnos a regresar a
la ignominia y la miseria. Enfrentábamos a un Imperio que entonces
estaba en el cenit de su poderío, dominaba completamente el Hemisferio
Occidental e imponía su hegemonía en todo el planeta.
Comenzaba el verdadero descubrimiento de la isla de Cuba. Nuestra
heroica resistencia asombraba al mundo. Su Revolución se convirtió en
“una permanente incitación a la noble curiosidad humana desde todos los
rincones de la tierra y muy especialmente en América Latina” como
expresó la Ley 901 fundadora del ICAP a iniciativa de Fidel Castro.
Han sido cincuenta años de incesante faena. Vaya nuestro reconocimiento a
todas y todos los trabajadores de esta institución por su contribución,
muchas veces anónima, a la solidaridad y la amistad entre el pueblo
cubano y los otros pueblos. Los que iniciaron este noble trabajo y sus
continuadores hasta hoy merecen nuestra gratitud.
Hagamos un homenaje especial, sobre todo, a quienes fuera de aquí,
durante estos largos años, nos han ofrecido permanente apoyo. A los que
fueron capaces de resistir la persecución y la hostilidad, a quienes no
se doblegaron ante las presiones o las amenazas, a los que no
sucumbieron ante las calumnias y el engaño, a quienes supieron confiar
en Cuba y amarla.
Porque contra Cuba y su Revolución el Imperio no ha empleado solamente
la fuerza militar, el terrorismo, los sabotajes y la más feroz y
dilatada agresión económica, su bloqueo genocida que comenzó antes que
naciera el ICAP, antes que naciera la mayor parte de la población cubana
actual. Contra Cuba y su Revolución el Imperio ha empleado también y
especialmente, la mentira y el ocultamiento de la verdad.
En ese terreno, el de la manipulación de la información y la
falsificación de la realidad, el Imperio ha creado una maquinaria
gigantesca a la que dedica incontables recursos de todo tipo.
Ya no es el automóvil el símbolo de la sociedad norteamericana. Hace ya
mucho tiempo que fue relegado a un plano secundario por la industria del
embuste, que a gran escala y masivamente adultera los hechos, pervierte
las conciencias y promueve el embrutecimiento de los seres humanos. Sus
instrumentos son las grandes corporaciones que dominan a los llamados
medios de comunicación y son dueñas de las más poderosas empresas de
cine, radio y televisión.
Mercantilizan la cultura y la reducen a entretenimiento banal; esconden o
justifican los peores crímenes; distorsionan los sucesos y mienten;
fomentan el egoísmo y la codicia, el materialismo y la vulgaridad;
despojan al ser humano de sus ideales, de su capacidad para pensar y
amar. Llevan a cabo una implacable ofensiva antihumanista de la que el
pueblo norteamericano es la primera y principal víctima.
Estados Unidos es, desde su origen, un país imperialista y racista como
lo recuerda Noam Chomsky en un texto reciente. Su poderío se concentra
hoy, sin embargo, en una descomunal, aberrante, industria bélica capaz
de destruir al planeta muchas veces y en su arsenal propagandístico que
le permite adormecer y embaucar.
Pero el pueblo norteamericano no es imperialista ni racista. Es un
pueblo que necesita vivir en paz con los demás y que tiene el derecho a
construir dentro de sus fronteras una sociedad justa y verdaderamente
libre, algo que no podrá lograr mientras no se libere del control que
sobre él ejerce una plutocracia ignorante y perversa.
Con ese poder los imperialistas han podido practicar contra el pueblo
cubano el genocidio más prolongado de la historia, por eso pueden seguir
amparando en su propio territorio a los peores asesinos - como el que
acaba de publicar en Miami un libro infame en el que se ufana de sus
fechorías -, por eso mantienen en injusta y cruel prisión a Cinco
jóvenes que sacrificaron sus vidas por salvar a su pueblo y al mundo del
terrorismo que Washington tolera impunemente.

Ahora,
cuando se acerca el día en que Estados Unidos debe responder a la
petición de habeas corpus a favor de Gerardo Hernández Nordelo, su
último recurso legal, algunos medios norteamericanos lo calumnian
miserable y cobardemente y tratan de engañar y desviar la atención para
confundir al movimiento solidario. Independientemente del derecho
irrenunciable de Cuba a defender su soberanía, en el juicio seguido
contra Gerardo y sus compañeros en Miami no fue presentada evidencia
alguna que lo vinculase con el lamentable incidente del 24 de febrero de
1996. En esta hora decisiva quieren hacernos olvidar que en mayo de
2001 en una dramática y urgente demanda ante la Corte de Apelaciones la
propia Fiscalía reconoció que carecía totalmente de pruebas y solicitó
modificar la acusación originalmente presentada contra nuestro
compañero. Pese a ello fue sentenciado con brutal desmesura por un
supuesto crimen que no existió y con el cual, en cualquier caso, Gerardo
no tenía absolutamente nada que ver. Es imposible encontrar ejemplo
parecido de injusticia.
Exhortemos al movimiento de solidaridad y a toda la gente honesta a
levantar sus voces en defensa de Gerardo. El Gobierno de Estados Unidos
sabe que él es inocente y que nunca hubo pruebas para acusarlo. Hay que
exigirle que lo ponga en libertad ya. A él y a Ramón, Antonio, Fernando y
René, cinco Héroes de la República de Cuba. El Presidente Obama puede y
debe liberarlos ahora mismo, sin condiciones, inmediatamente. A todos y
cada uno de ellos, a los Cinco, sin excepción.
Que exigirlo sin descanso sea nuestra promesa de Año Nuevo. Que el mundo
entero se lo pida al Presidente Obama. El sabe que sí se puede y que él
debe hacerlo.
Compañeras y compañeros:
La solidaridad es el baluarte y la savia de la Revolución. Lo ha sido
siempre para nosotros desde 1868 cuando, en nuestro Octubre glorioso,
iniciamos una brega inseparable por la independencia nacional y por la
abolición de la esclavitud, la servidumbre y la discriminación de los
seres humanos.
Desde la Guerra Grande hijos de otras tierras vinieron a pelear con
nosotros por nuestra libertad. El Partido de José Martí fue un partido
internacionalista creado también para alcanzar la independencia de
Puerto Rico y la unidad de Nuestra América. Fueron muchos los
compatriotas nuestros que marcharon desde aquí y desde la emigración a
dar sus vidas por la República española.
En el último medio siglo ha sido amplia y generosa la solidaridad que
Cuba ha recibido y también lo ha sido la que ha entregado nuestro
pueblo. ¿Cómo olvidar, un día como hoy, a los hermanos que fueron a
combatir hasta el último aliento a otras tierras? ¿Cómo olvidar al Che y
a los muchos que supieron ser como él?
Saludemos también a las decenas de miles de colaboradores que han ido a
los más apartados rincones a ayudar a otros, a llevarles salud y
educación, reproduciendo un espíritu internacionalista y solidario del
que nació la Patria y que siempre vivirá con ella.
El mundo ha sido solidario con Cuba porque Cuba ha significado mucho
para el mundo. Porque su revolución fue un ejemplo que inspiró a otros a
perseverar en el combate hasta conquistar la verdadera independencia y
la justicia, esas que iluminan ya con su Alba el futuro americano.
Las cubanas y los cubanos nos empeñamos ahora en un amplio ejercicio
democrático para discutir y acordar, con todas y todos, sin excluir a
nadie, las acciones que debemos emprender para corregir errores,
eliminar defectos e introducir los cambios que sean necesarios para que
nuestro proyecto sea más eficiente, racional y justo. Lo hacemos en un
país que sigue siendo víctima del bloqueo, el acoso y la agresión de
quien es aún la más fuerte potencia económica y que no se cansa de
alquilar mercenarios dispuestos a traicionar a la Patria, mequetrefes en
los que no cree ni quien les paga la mesada como confirman sus propios
informes confidenciales revelados por Wikileaks.
Algo bien diferente es el pueblo de Cuba. Un pueblo, que nadie lo olvide
nunca, que se forjó, precisamente, en la lucha contra dos Imperios y
sus adocenados servidores criollos y se fraguó en una batalla muy larga
en la que siempre tuvo como metas la independencia absoluta y la
justicia plena para crear una sociedad que tendría como fundamento la
solidaridad entre los cubanos.
Entre todos cambiaremos todo lo que debe ser cambiado. Juntos haremos lo
que sea necesario, y lo haremos por nosotros mismos, sin copiar a
nadie, sin hacer concesión alguna a quienes nos odian y desprecian y
seremos capaces de hacer realidad un socialismo mejor, nuestro, cubano.
Cumpliremos así también nuestro deber hacia quienes en cualquier lugar luchan por un mundo mejor.
El movimiento internacional de solidaridad con esta Isla nació hace
medio siglo cuando enfrentábamos un desafío que parecía insuperable.
Fuimos capaces de vencer y llegar hasta aquí.
Son grandes los retos que tenemos por delante. Sabremos superarlos.
Seremos fieles a nuestros mártires, seremos leales a quienes en todo el
mundo nos han acompañado en esta larga, dura y hermosa pelea.
Cuba prevalecerá. Nuestro socialismo triunfará. Seremos capaces de continuar luchando, todos unidos, Hasta la Victoria Siempre.



